AZUAY

cuenca.jpgAzuay

Ubicada al sur del país, zona rodeada de valles, lagos y ríos, que complementan con gracia su fértil paisaje, habitada por gente poética y creativa, que con su habilidad se ha destacado por su afamada y variada artesanía que atrae a los visitantes especiálmente a los poblados de Gualaceo y Chordeleg.
 
Cuenca su capital, llena de historia pre-inca y colonial, que todavía se siente al recorrer sus estrechas y adoquinadas calles, al visitar sus iglesias y al admirar sus ruinas y museos.
 
Trajes bordados en mil colores que usa su gente típica, dan tinte al ambiente, a las calles y mercados de sus poblados, en donde moldean el barro para hacer objetos decorativos y caseros pintados con finísimo gusto y tejen la paja para hacer sombreros blancos que son solicitados en todo el mundo con el nombre equivocado de “Panama hat”, pero acertado por la calidad de su confección.
 
Piscinas termales y medicimales con purísima agua volcánica, se pueden encontrar a escasos 8 kilómetros de la ciudad de Cuenca, en la población de Baños; lagunas para practicar el deporte de la pesca y admirar su bella naturaleza, al visitar también el Parque Natural del Cajas.
 
CUENCA: Ciudad del encanto, que luce desde la distancia las celestes cúpulas de su gigantesca catedral en contraste con los muros y arcos del rojo ladrillo, destacando el vistoso mármol de su piso y el verde claro de los arbustos del parque principal donde está ubicada, lugar de reunión y paso de sus visitantes que se emociona con las típicas ventas de dulces tradicionales que allí se las puede conseguir, lo propio al cruzar la esquina y encontrarse con un colorido rincón lleno de frescas flores que se las vende en el pretil de una hermosa portada de la iglesia del lugar, uno de tantos que en esta bella ciudad se los puede visitar.
 
ARTESANIAS: Orfebrería en oro y plata, talabartería, instrumentos musicales, muebles de madera torneada, hierro forjado, hojalatería, objetos en lámina metálica de bronce, vitrales, vidrio soplado, cerámica esmaltada, alfarería, trabajos en madera de guayacán y en mármol, volatería y fuegos pirotécnicos, tejidos en paja toquilla, en fibra, cabuya, paja de trigo, paño, carrizo, bordados, tela de caucho, dulces.

Información turística

El Azuay cuenta con hermosísimos parajes para el turismo.

Sin entrar en una enumeración completa, que seria muy larga, hemos de señalar algunos sitios que están esperando ser admirados por quienes quieran encontrar belleza inédita, quizá como solamente en muy pocos lugares.

En la ciudad de Cuenca hay para admirar su estupenda Catedral, de arquitectura románica, en que esplenden el oro y el mármol en pródiga entrega para la suntuosidad de este edificio que, en su ramo, es de los mejores de la América Hispana.

La construcción del estupendo templo ha demorado un lapso próximo a los cien años; siendo otra de sus características la de que sus enormes murallas y paredes se hallan construidas con ladrillos o módulos de arcilla local, admirablemente cocidos y que, analizados por los conocimientos científicos en el ramo de resistencia de materiales, ofrecen definitiva perdurabilidad. A más del templo exterior, hay que admirar el templo interior; una extensa cripta en la cual se en cuentran las fosas sepulcrales de numerosos jerarcas eclesiásticos y de distinguidos otros ciudadanos. La catedral está ubicada en la plaza central de la ciudad.

Dicha plaza está exornada por ocho robustos ejempla res de pinos, de la variedad de araucaria excelsa (CIasifi, Roberto Brown) y que tiene una edad mayor de cien años, pues fueron plantados en 1875 por el botánico don Luis Cordero, quien los había traído en plantas vivas desde el exterior. Sus semillas han posibilitado que se propague esta preciosa araucaria, conocida vulgarmente con el nombre de Pinos de Escudilla, porque sus ramas conforman verticilos que se asemejan a grandes fuentes o escudillas vegetales.

En la esquina sudoccidental de la misma plaza se yergue un precioso ejemplar de ficus, o tal vez mejor, mirto, en forma de un enorme y lozano hongo de un verde intenso, cuyo follaje o gran copa forma una circunferencia de hasta diez metros de diámetro. Este ejemplar fue muy admirado por la señorita Lilo Linke, viajera inglesa que, al hablar de otras plantas de esta especie, que las encontró en la ciudad de Manaus del Brasil, asevera que el ejemplar de la plaza principal de Cuenca del Ecuador es el mejor y mayor entre los que ha logrado apreciar en otros lugares de sus recorridos.

En varios templos de la ciudad se encuentran preciosos retablos, altares y púlpitos de estilo barroco, tan hermosos como los mejores que se ostentan en los templos de la ciudad de Quito, estimándose éstos, desde este punto de vista, como los más bellos de América. La talla en madera con relieves de pan de oro comunica a estos detalles religiosos una grandiosidad inenarrable. Se pueden citar el retablo y púlpito del templo de San Francisco, los del templo de !as Religiosas del Carmen de la Asunción, los del templo de las Religiosas de la Concepción.

Cuenca posee un Museo de mucha atracción, de propiedad municipal, denominado «Remigio Crespo Toral», en homenaje al ilustre poeta y literato de este nombre. Allí se exhibe una imagoteca de muy numerosas piezas de Jesús crucificado, debidas a la gubia de grandes talladores nativos, entre ellos Gaspar Sangurima, Miguel Vélez, Manuel Ayavaca, Daniel Alvarado. Posiblemente en otro lugar no se ha logrado coleccionar tantos ejemplares, muchos de ellos bellísimos. En el museo antedicho hay bellos cuadros de artistas nacionales y extranjeros; piezas de indumentaria de varios de los prohombres del Azuay; las condecoraciones otorgadas a dichos personajes por sus méritos y virtudes, y, especialmente, los libros primeros de los Cabildos, en escritura paleográfica, que han atraído la atención y el estudio de notables investigadores.

Las Bibliotecas de la Municipalidad, de la Universidad del Estado, de varios de los Colegios más antiguos poseen libros de verdadera codicia por su antiguedad y por lo raro de muchos de sus ejemplares. En igual caso se encuentra la Biblioteca de la Casa de la Cultura, Núcleo del Azuay, y algunas de propiedad particular.

Como edificios de carácter civil, que atraen la mirada de turistas, se encuentra el del Banco del Azuay, levantado en piedra del mármol de la región, y que la naciente laboriosidad de los artífices y artesanos de comienzos del presente siglo la levantó a un coste que hoy superaría varios cientos de millones de sucres. La ciudad de Cuenca, de modo general, presenta un atractivo aspecto colonial que se ha desvirtuado bastante por las nuevas edificaciones que quieren aprovechar las áreas de terreno para erigir grandes construcciones. Sin embargo, hay reliquias de casas tan viejas como la ciudad misma, es decir, que pueden contar hasta cuatrocientos años de erigidas.

Esto puede decirse también de otros centros poblados, especialmente de Cantones como los de Gualaceo y Girón.

Una nota singular que puede atraer a estudios de cosas arcaicas es la de la fabricación de órganos musicales en tiempos remotos. A Cuenca se le llamó en la Colonia «Ciudad del Órgano». Existe aún, y produce sus sonidos completos, el de la Iglesia de El Sagrario (antigua Catedral), pero los hay bien que menores en San Francisco, en San Blas y hasta en poblaciones parroquiales como Paccha, el Valle y otras.

Reminiscencia del último Gobierno colonial con el Teniente José Vallejo y Tacón es el de un puente en la vía Sur, sobre una quebrada conocida con el nombre de «El Salado», que tiene acaso sus cercanos doscientos años, y que con justicia lleva el nombre de su constructor.

Puede afirmarse, sin que esto signifique figura literaria, que los bellísimos parajes naturales que existen en la Provincia del Azuay apenas están siendo descubiertos, pues pasaban ignorados para la contemplación turística, a pesar de que algunos están tan inmediatos a la misma ciudad de Cuenca. Tal el caso del sitio llamado «Llulluchas», con una hermosísima laguna hoy poblada de truchas, con orillas de vegetación exuberante, en donde sobresalen plantas autóctonas que allí las suscitó la mano de Dios, muchas de cuyas especies, como la del arbusto denominado huapsay, perteneciente a la familia de las coníferas de Jussieu, del cual hay una variedad maderable para ebanistería que los indígenas denominan urcuchuapsay, es decir, huapsay de la selva o del cerro, parecen ser originarias de los chaparros y bosques de esta misma provincia. Este sector ha sido declarado «Parque Nacional». Otro sitio más elevado es el de las lagunas del Cajas, casi cuatro mil metros de elevación, verdadera colección de espejos naturales, pues son más de doscientas entre lagunas y lagunillas, que forman un conjunto de belleza sorprendente, tal vez como los que se encuentran en Suiza. Estos parajes distan entre diez y treinta kilómetros al Occidente de Cuenca.

Puede afirmarse que por cualquiera dirección que se camine se encuentran paisajes inéditos para las miradas de muchos itinerantes y turistas, incluso nacionales.

Si a estos sitios naturales se agregan aquellos en que, para utilizar las corrientes de agua se realizan instalaciones hidráulicas, etc., y en que hay obra humana que atrae admiración, habría que hablar, en primer término, de las centrales eléctricas de Amaluza y Guarumales, en el «Proyecto Paute» y en donde una presa gigantesca y un diagrama de túneles construidos ya, comprendieron el socavón para ubicar las maquinarias correspondientes de estupenda obra en las aguas del Río Paute, eje del sis tema fluvial en la hoya azuayo-cuencana.

De la belleza del Río Gualaceo, de cuya corriente dormida, como los que surcan playas vecinas al mar, y de sus praderas florentísimas se podrían escribir largas páginas descriptivas. Y más a la cordillera sobre el pueblo de El Sígsig, una enorme laguna denominada «Ayllón» encierra parte de la mitología cañari, pues se dice que a esas aguas se arrojaron los áureos objetos artísticos que se quisieron sustraer de la codicia de los conquistadores.

Antes de este sitio se yergue un bravío cerro que se lo conoce con el nombre de «Fasaiñán», que investigadores como Monseñor González Suárez, el primer arqueólogo ecuatoriano, interpreta como «Huacayñan», camino de lágrimas, porque los cañaris lo subieron entre llanto y dolor, al ver conquistadas sus tierras por los incas del Perú. Ese cerro, además, trae reminiscencias del diluvio universal bíblico, pues ascendiendo a su cumbre, con pena y amargura, pudieron salvar su vida los mitológicos seres, el padre de los cañaris y una guacamaya, que fueron los progenitores de su pueblo, incluso asistidos por la presencia de una serpiente auspiciadora de aquella fantástica conjunción.

A Cuenca se llega por varios medios de comunicación:

Por avión, en vuelos directos desde Quito y Guayaquil, los dos aeropuertos internacionales frecuentados por numerosas compañías extranjeras y nacionales; por automotores, a través de las carreteras de Guayaquil, de Quito y más poblaciones norteñas de Loja e intermedios de Puerto Bolívar sobre el Pacífico, y por caminos carrozables desde ciudades cantonales y puebIos parroquiales. Estas formas de viajar están recibiendo constantes mejoras que facilitan su más cómodo y pronto aprovechamiento.

Vengan al Azuay y encontrarán bellezas sorprendentes durante su peregrinaje y recibirán amable hospitalidad de gentes que se precian de ser amables y hospitalarias, como ya lo dijeron escritores, tanto de los tiempos antiguos como del presente.

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