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Sintesis histórica de Imbabura

Posted in HISTORIA, provincias, sitios turisticos, TRADICIONES Y COSTUMBRES with tags , , , , , , , , , , , on septiembre 1, 2008 by edmolin657
Difícil saber quiénes fueron los hombres y mujeres, cómo fue la sociedad que vivió y se desarrolló en la actual Imbabura. El desconocimiento de la escritura, la falta de registros que guardaran la memoria de hechos y protagonistas, impiden descubrirla.
Los datos de los primeros cronistas españoles, los estudios arqueológicos y las fuentes etnohistóricas, la toponimia, identifican a Imbabura como el territorio de la Confederación Caranqui-Cayapa-Colorado, una región con un desarrollo histórico común con pautas similares de conducta económica y sociocultural, que se extendía por el norte hasta el río Chota, al sur, el río Guayllabamba y su afluente el Pisque, hacia el occidente a Intag y Lita y hacia el oriente, la región de Pimampiro y Oyacachi, respectivamente. Era un territorio con unidad étnico-cultural, y una cuasi – identidad lingüística en el que sobresalieron los pueblos de Pimampiro, Otavalo, Caranqui, Cochisquí y Cayambe,… Intag, Quilca y Cahuasquí.
Fue un espacio geográfico habitado por campesinos y agricultores, organizados en ayllus, dirigidos por un curaca o jefe. Tenían su religión. Los elementos naturales eran sus dioses. Complementaban su economía de subsistencia con labores artesanales y un incipiente comercio. Habían logrado trascender la organización tribal y los cacicazgos locales de la llactacuna, para desarrollarse bajo la forma de una comunidad superior, designada como Señorío étnico.

Los Cayambes y Caranquis eran dueños de una cultura bastante homogénea. Estaban estratificados en clases, conocían el telar horizontal, el algodón, la lana, la cabuya y la cerámica; pulían la piedra, grababan en concha y hueso, fundían metales; tenían espejos y plumeros; dominaban la cestería utilizando bejucos y totoras; sabían esculpir signos convencionales, poseían una gran gama de tintes para teñir sus tejidos con colores firmes; cultivaban la tierra con artefactos rudimentarios de piedra y madera; construían puentes colgantes con sogas y lianas como los que ahora se ven en la cuenca del Intag y levantaban viviendas de piedra y tierra.
También practicaban el comercio de trueque, intercambiando plumas de colores, conchas, hojas de tabaco, maíz, sal, algodón. Creían en varias divinidades protectoras y pensaban en espíritus malignos. Sus mercados gozaban de un status especial. Y por sobre todos ellos, respetaban y acataban a reyes o capaccuras nativos.
Waldemar Espinosa Soriano. Los Cayambis y Caranquis. Siglos XV y XVI. Colección Pendoneros, IOA.
Su organización política les permitió desarrollar alianzas, cohesión política que les habría convertido en una nación-estado, de no llegar los incas. Esas les facilitaron, por cerca de 20 años, la defensa exitosa de la soberanía regional.

La invasión Inca
Los incas llegaron a lo que es hoy el territorio ecuatoriano en el siglo XV. Su avance desde el sur fue relativamente rápido. Sin embargo, encontraron una feroz resistencia en los Señoríos de Quito, Cayambe y Caranqui. La lucha duró hasta la catastrófica derrota de Yahuarcocha.

Sometidos, el invasor buscó ganarse la voluntad de estos pueblos. Poco logró. Hostiles y rebeldes los pueblos ubicados entre el Guayllabamba y el Chota, impidieron la consolidación del dominio inca, pese a la alianza de Huayna Cápac con la legendaria Quilago, a la construcción del templo del sol y de su palacio en Caranqui y al hecho de que su hijo, Atahualpa, nació aquí. Por ello, la huella cultural del incario en la región fue sensiblemente menor a la de otras provincias, lo que mantuvo las tradiciones ancestrales y configuró una nueva identidad que unió el pasado con los aportes culturales de otro pueblo.

Invasión española
Establecido pero no consolidado el Tahuantinsuyo, la sorpresiva llegada de un pueblo extraño, el español, produjo la ruptura total de la evolución paulatina que vivían los pueblos andinos. La tragedia de Cajamarca, la muerte de Atahualpa, y el acelerado avance de los conquistadores sólo se explica por el apoyo que les dieron los pueblos dominados por los incas. El español no encontró resistencia, salvo en los rezagos del ejército cuzqueño.

En la década de 1530 los españoles se asientan en Otavalo. Trajeron sus instituciones, lengua, costumbres y religión. Pero también los Obrajes, la Encomienda y la Mita, convertidos en crueles sistemas de explotación de hombres, mujeres y niños. Las condiciones inhumanas de trabajo y las enfermedades extrañas, como la viruela, ocasionaron la acelerada disminución de la población indígena.

Organización
Los españoles impusieron una nueva administración política administrativa. El 29 de agosto de 1563 se creó la Real Audiencia de Quito. El territorio se dividió en provincias con sus gobernaciones: Quito, Esmeraldas, Quijos, Yaguarzongo y parte de Popayán. En la Gobernación de Quito, se incluyó el Corregimiento de Otavalo que en 1567, lo integraban San Pablo de la Laguna, antigua Imbacocha, Tontaqui, Cotacachi, Urcuquí, Salinas, Tumbabiro, Intag, Chapi, Pimampiro, Mira, Huaca, Los Tulcanes.

El 28 de septiembre de 1606 se fundó la ciudad de Ibarra y el Corregimiento del mismo nombre que “se extendía desde el puente de Rumichaca” por el norte; por el occidente “hasta el pueblo de Otavalo”, exclusive; por el sur oriente “hasta la laguna de Cochicaranqui”, y por el nor-occidente hasta los pueblos de Lita, Quilca y Cahuasquí.

Con la presencia española, los indígenas pasaron a la servidumbre. Su asimilación étnica por medio del mestizaje fue paulatina. Cuando la población aborigen disminuyó, se importaron de esclavos negros para reemplazar a los indios en el trabajo de los valles cálidos de Salinas y el Chota.

El cobro de tasas e impuestos, el maltrato de autoridades y encomenderos provocó sublevaciones. Sucedió en 1679 cuando once mil indios, de Pimampiro, huyeron en una noche a las montañas y no regresaron más. En 1777 fue, en cambio, la “sublevación espantosa y sangrienta” de Otavalo, San Pablo, Cotacachi, Atuntaqui, Caranqui.

Imbabura en el siglo XVIII
Es toda la Jurisdicción muy fértil, abundante de frutos y especialmente de mucho y excelente trigo, de ganados mayores y menores, con óptimos pastos para cebarlos y de alguna caña de azúcar. Tiene varias y grandes fábricas de paños, y otras telas de lana y algodón. Estas últimas, son unas de lienzos ordinarios, y otras de telas llamadas macanas, unas lisas, y adamascadas otras; unas de mota menuda, llamadas confitillo, y otras de felpa, todas muy estimadas, que hacen considerable comercio. Se hacen también petaquillas y otros utensilios curiosos de juncos partidos, y teñidos de diversos colores que se distribuyen por todo el Reino.

Padre Juan de Velasco. Historia del Reino de Quito.

No todo fue explotación y maltrato. Hubo un paulatino desarrollo que dio importancia a la educación, al comercio. Se intentó construir el camino a Esmeraldas. La vida transcurría sin mayores sobresaltos, salvo en las eventuales sublevaciones, ya relatadas, en las fiestas religiosas, en el nacimiento de príncipes y en las posesiones reales.

La Independencia
El 10 de Agosto de 1809 Quito proclamó su independencia. Los cabildos de Ibarra y Otavalo plegaron al movimiento. La Junta Suprema dio a Ibarra la categoría de ciudad y a Otavalo, la de villa. Pero la reacción española no se hizo esperar. Su ejército, comandado por el general Sámano, venció a las tropas de la Junta de Gobierno en San Antonio de Ibarra el 27 de noviembre de 1812 y en Yahuarcocha, el 1 de diciembre. Sámano apresó al Comandante Francisco Calderón y lo fusiló en la plaza mayor de Ibarra, el 3 de diciembre.

En 1820 se reanudó la guerra libertaria. Los pueblos de Imbabura, apoyaron con hombres, vituallas, dinero, a la causa de la independencia. El hecho más trascendente fue la Batalla de Ibarra, el 17 de julio de 1823, cuando el Ejército patriota, comandado por el propio Bolívar, triunfó sobre el general Agustín de Agualongo. El Libertador, reconoció el apoyo de los imbabureños y otorgó a Otavalo e Ibarra, el estatuto de ciudad.

Creación de la provincia
El Congreso Grancolombiano reunido en Bogotá creó el 25 de junio de 1824 la provincia de Imbabura con su capital Ibarra, y los cantones Ibarra, Otavalo, Cotacachi y Cayambe. Separados de la Gran Colombia, el nuevo Estado mantuvo la misma división territorial. Imbabura se extendía desde Rumichaca al norte, al río Guayllabamba al sur. El 11 de abril de 1850, se creó el cantón Tulcán. En 1855, Cayambe pasó a formar parte de la provincia de Pichincha con las parroquias, Tabacundo, Cangahua, Tocachi y Malchinguí. En 1861 se estableció, de manera definitiva, el cantón Cotacachi. En 1880 se creó la provincia de Veintimilla, hoy provincia del Carchi, con lo que todo ese territorio se separó de Imbabura.

El 2 de marzo de 1938 fue creado el cantón Antonio Ante. El 26 de mayo de 1981 el cantón Pimampiro. El 9 de febrero de 1984 se creó el último cantón: Urcuquí.

Hechos importantes
Un terrible terremoto destruyó totalmente Ibarra el 16 de agosto de 1868. Hubo grandes daños en Otavalo y Cotacachi. 20 mil imbabureños murieron en la tragedia. La capital provincial fue reconstruida a partir de 1872. En 1987, otro sismo de alta intensidad causó daños en la provincia, aunque sin producir desgracias personales.

En 1929 el ferrocarril llegó a Ibarra. En 1957 a San Lorenzo.

La provincia ha vivido un permanente desarrollo social, económico, educativo y hoy se mantiene como una de las provincias más importantes del Ecuador.

DIRECCION DE SISTEMAS DEL GOBIERNO PROVINCIAL DE IMBABURA. 2008

Los Caranquis

Posted in culturas ancestrales, HISTORIA, provincias, sitios turisticos, TRADICIONES Y COSTUMBRES with tags , , , , , , , , on agosto 31, 2008 by edmolin657
 
Como ninguna otra zona arqueológica del Ecuador, la perteneciente al territorio Caranquí está plagada de tolas o montículos artificiales de tierra, que aparecieron por primera vez en el poblado de Real Alto en el año 4.000 a.C. estas obras se distribuyeron en la zona norte en un amplio territorio delimitado por los valles formados por los ríos Chota al norte y Guayllabamba al sur. Los linderos occidental y oriental están marcados por las cordilleras, no obstante que en dirección a la Costa, las tolas se distribuyeron en la zona noroccidental, como las identificadas en el sitio Tulipe o en Secuambo, al occidente de quito y Mira respectivamente. De estos montículos, sin contar los que han desaparecido, son notables por su tamaño, magnitud y número de construcciones, los ubicados en Cochasquí, Puntiachil, Zuleta, Pinsaquí, Gualimán, Socapamba, Atuntaqui, Ajaví. De todos ellos solo unos pocos han sido estudiados.. Del estudio de estas fuentes y de otras de tipo etnohistórico, se concluye que el área cultural Caranqui en la época anterior a la ocupación inca, se hallaba habitada por una sociedad muy homogénea en cuanto idioma, costumbres ceremoniales y funerarias, modo de vida y sistema de organización. Las tradiciones ceremoniales y funerarias están vinculadas precisamente con la existencia de las tolas y montículos tronco piramidales. Las tolas, de forma circular, generalmente eran monumentos funerarios, pues debajo de ellas se encuentran tumbas…mientras que las grandes plataformas de cangahua, como aquellas existentes en Zuleta, Cochasquí, Atuntaqui, constituyeron centros de residencia, importantes para la satisfacción de necesidades ceremoniales, como la coca, conchas, cueros y pieles de animales, que provenían de otros pueblos ubicados en la llanura costera o en la amazonía. De lo indicado se deduce que la agricultura se convirtió en la fuente más importante de recursos, a más de la cacería y la cría de animales domésticos como el cuy. Respecto a la agricultura se debe resaltar la extraordinaria fuerza de trabajo invertida por este pueblo para construir obras de uso agrícola, como los canales de riego, los camellones y terrazas agrícolas. Otros testimonios materiales de la cultura caranqui están expresados en la cerámica, en los metales y en el trabajo de la piedra. Es esta alfarería se puede identificar recipientes de uso doméstico, muy ordinarios y otros, probablemente de uso funerario y ceremonial. Entre los primeros, son diagnósticos los platos casi planos, con una banda de pintura roja en el borde interno, las vasijas trípodes, las vasijas zapato, compoteras de pedestal alto y anular, las vasijas asimétricas, loas botijuelas y una variedad de recipientes cerrados de cuerpo globular, utilizados seguramente en la preparación de alimentos. Los acabados de superficie más comunes en la alfarería de la zona, son el ordinario, es decir una cerámica con alisado muy burdo, el baño rojo, el pulido a guijarro, el rojo pulido y la pintura negativa; la decoración plástica es muy escasa, no obstante que existe figurinas antropomorfas y zoomorfas. En cuanto a los hallazgos de metal se deben destacar los valiosos objetos de oro, generalmente objetos de adorno corporal. En lítica se trabajó hachas, boleadoras, piedras de honda y esculturas. Fueron muy hábiles lapidarios… De acuerdo a estudios arqueológicos modernos, se puede decir que los caranquis constituyeron la suma de varios e importantes cacicazgos o señoríos de la sierra Norte del Ecuador, entre ellos se debe citar a los de Caranquí, Otavalo, Cochasquí, Cayambe, Pifo, Yaruquí, Probablemente el área de Pomasquí en las cercanías de Quito. Fuente: Eduardo Almeida Reyes, “Culturas Prehispánicas del Ecuador”, Quito Ecuador, 2000